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Estamos
reunidos esta tarde para hacer memoria agradecida
de la vida, vocación y ministerio sacerdotal de
nuestro querido Jorge Crooke. Todos los que
estamos aquí presentes podemos expresar nuestros
recuerdos cariñosos de nuestra amistad personal
con “el loco Crooke” como lo llamábamos los
que fuimos sus alumnos en el Colegio de la
Inmaculada, apodo que siempre lo caracterizó
durante toda su vida.
Nuestro buen Dios lo llamó a su lado en el
aniversario de su ingreso a la Compañía de Jesús,
en el Noviciado de Aranjuez, de la provincia de
Toledo, un 14 de setiembre de 1954, hace justo 55
años, respondiendo cuando tenía 18 años a la
invitación personal de Jesucristo con total
generosidad con “determinación
deliberada de vivir y morir in Domino con esta y
en esta Compañía de Jesús nuestro Criador y Señor”
(Constituciones, Examen 51).
Jorge vino al Perú siendo novicio a esta casa de
Miraflores y aquí en el Perú vivió prácticamente
toda su vida de jesuita trabajando pastoralmente
en las diversas misiones que la Compañía le
confió: en el Colegio de la Inmaculada, primero
siendo maestrillo como subprefecto y profesor de
los alumnos, y años después siendo ya sacerdote
fue Prefecto, Profesor y Espiritual. En Jaén,
como Vicario de Monseñor Augusto Vargas en el
Vicariato de San Francisco Javier, desempeñó su
cargo allí con mucha aceptación de la gente,
sobre todo de los sacerdotes diocesanos. Gozó de
la confianza de Monseñor Augusto y del afecto de
la gente por su cercanía y servicialidad. También
estuvo en dos ocasiones en el Colegio San Ignacio
de Loyola en Piura, primero como Prefecto y luego
de Rector. Fue también
Párroco en la Parroquia de Nuestra Señora
de los Desamparados y Vicario Parroquial y
Confesor en la Parroquia de San Pedro, y
finalmente en la Enfermería de Fátima, cuidando
su salud, compartiendo su cariñosa amistad en
conversas, enviando correos, y así fue día a día
entregando su vida a Dios en la Compañía de Jesús.
Nuestro buen Dios
también lo llamó a su lado para siempre
en el día de la Exaltación de la Santa Cruz,
cuya fiesta muchas veces celebró durante sus años
de trabajo pastoral en Jaén, con la devoción
popular del Señor de Huamantanga, cuya imagen es
muy querida por el pueblo pobre, humilde y
sencillo, a quien Jorge sirvió con especial
afecto y solicitud, cercano a los pobres y
necesitados, sintiéndose identificado con los
rostros humanos de Jesucristo. Muy sensible ante
las injusticias y los malos tratos de los que
siempre protestaba defendiendo a los débiles y
sacando fuerzas para que la justicia estuviera
presente en todos los ámbitos del país.
Celebramos esta Eucaristía, esta acción de
gracias, en la que despedimos a Jorge, en el día
de la Virgen de los Dolores, con la seguridad que
ella, ya calmó todos sus dolores y sufrimientos,
y con ella goza para siempre de la presencia de
nuestro buen Padre Dios en el cielo.
Ayer nos recordaba Carlos las que fueron las últimas
palabras que escuchó de Jorge como despidiéndose
plenamente consciente de su debilidad, de su
enfermedad, aceptando la muerte con una serenidad
envidiable: “lo
que Dios quiera, hasta que Dios quiera, hasta
cuando Dios quiera”. Jorge nos dio ejemplo
de hacer siempre la voluntad de Dios, de vivir
centrado en Dios, sintiéndose en las manos de
Dios, experimentando con profundidad que en su
vida, su vocación, su ministerio, su enfermedad y
su muerte siempre Dios tuvo la iniciativa y que él
aceptó con total disponibilidad, con un sentido
muy personal de pertenencia total a Dios.
En estas pocas horas desde la noticia de su
fallecimiento, he recibido varios testimonios de
quienes fuimos sus alumnos en la Inmaculada,
expresando su sentir y dolor y al mismo tiempo su
recuerdo cariñoso y agradecido del jesuita
formador, que siempre
trató con rectitud y firmeza como Prefecto
de Disciplina, y al mismo tiempo del jesuita amigo
y compañero, que marcó la vida para siempre, por
su bondad, su cercanía, su trabajo incansable, su
aprecio personal por cada uno.
Menciono algunas frases para compartirlas con
todos, especialmente con Jorge en esta eucaristía:
“los que tuvimos la suerte de conocer a Jorge Crooke , nuestro querido
“loco” sabemos que se nos va por encima de
todo un extraordinario ser humano, alguien que fue
y seguirá siendo parte de la historia de los
grandes formadores de nuestro querido Colegio…
Jesuitas como Jorge Crooke son los que necesitamos
para seguir formando líderes que sigan pensando
en los demás como parte de uno mismo…siempre
estaré agradecido al curita loco, Dios lo tenga
en su gloria... Excelente sacerdote y
disciplinario prefecto. Estoy seguro le será de
gran ayuda a San Pedro para identificar a los que
se portaron mal en la tierra y fijarles el castigo
requerido… Cuando algo le molestaba se ponía
colorado y gritaba con su dejo español del seseo,
pero rápido también se le pasaba.
Fuimos afortunados de haber tenido maestrillos,
hermanos y sacerdotes jesuitas tan cerca en
nuestros doce años de formación escolar,
privilegio que comprometió nuestras vidas para
servir más a Dios y a nuestros hermanos.
El ¨loco¨ fue para la gente de mi promoción un
ejemplo de rectitud, un formador inigualable del
carácter y del espíritu...recuerdo una de sus máximas
¨O blanco o negro. ¡Pero NUNCA gris!¨…un
jesuita de apariencia seria e impenetrable, pero
de un interior lleno de sensibilidad humana y
exaltante amistad, pleno de atención a los
problemas de otros. Muy trabajador y sumamente
consecuente entre lo que decía y hacía. Son
pocos los instantes en que uno va por la vida y se
tiene la suerte de cruzarse con personajes tan
imperecederos como Jorge Crooke Gorría... Muchos
recuerdos vienen en este momento a mi memoria,
pero por encima de todo, la admiración y el cariño
por un "formador y educador" que
marcaron a muchas generaciones de exalumnos de
nuestro querido colegio”.
Al final de su vida, Jorge hizo suyas estas
palabras de honda significación en
nuestro ser jesuitas “Como
en la vida toda, así también en la muerte, y
mucho más, debe cada uno de la Compañía
esforzarse y procurar que Dios Nuestro Señor sea
en él glorificado y servido, y los prójimos
edificados” (Constituciones 595).
Así sea
Benjamín Crespo, S.J.
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