LA COMPAÑIA DE JESUS Y LAS ASOCIACIONES DE ANTIGUOS ALUMNOS JESUITAS

Por:

André Cnockaert, S.J.

Conseiller des Associations en República Democrática del Congo

Es un honor, aunque un poco incómodo, dirigirles la palabra después que se han hecho las recomendaciones y antes de proclamar las resoluciones. Algunas consideraciones que presentara fueron enviadas al comité organizador antes del congreso. Expresaban a título personal, mis preocupaciones concernientes a una cierta diferencia que percibo entre nuestras palabras y nuestra capacidad de pasar a la acción. Oí el eco de estas preocupaciones, ayer en las recomendaciones, y pienso pues que las comparto con varios otros entre ustedes. Si el comité me pidió presentárselas en este momento es porque espera que puedan ser útiles para ayudarnos a tomar la medida de nuestra responsabilidad en el momento en el que empezaremos a leer las resoluciones.

¡La Compañía de Jesús tiene un sueño! ¡The Society of Jesus has a dream! Este sueño, lo expresa desde hace más de 50 años a través de los Superiores Generales y las declaraciones en los decretos de sus Congregaciones Generales. Desea no sólo, para citar al Padre Kolvenbach, que sus alumnos formados en la libertad responsable hagan "fructificar en su vida la formación que recibieron "; qué lo hagan en un espíritu abierto y generoso inspirado en el humanismo cristiano y que se exprese en particular por una atención concedida a los más débiles y a los desfavorecidos, en una lucha por un mundo más justo y más fraternal. Desea también que los Antiguos Alumnos se unan en Asociaciones que puedan, a escala local, nacional y hasta mundial, devenir en fuerzas de renovación y de mejoramiento de la sociedad humana. Sueña ver estas Asociaciones, federaciones, etc. juntarse para ayudar a constituir, a través de la gente, una "familia ignaciana" con una visión común de servicio (CG35). Hablamos, a propósito de esto, de cada vez más colaboración y asociación, como el Padre General nos lo recordó ayer en su mensaje.

Parafraseando el tema del Congreso, debemos plantearnos honestamente la cuestión: "¿qué es lo que falta y qué es lo que debería mejorarse para que este sueño, esta invitación, este desafío a la colaboración se haga una realidad concreta y reciba una respuesta eficaz?" Porque a pesar de las grandes diferencias que pudimos comprobar en este encuentro, creo que debemos atrevernos a reconocer con toda sencillez que mucho queda por hacer en esta área. Y es posiblemente un eufemismo.

Les planteo esta cuestión a ambos asociados:

1.      En primer lugar a la Compañía de Jesús y a mis Compañeros. ¿Que hicimos? ¿El éxito de nuestro proyecto, la realización de nuestro sueño, no pide una implicación más grande, un compromiso más grande de nuestra parte? ¡Seamos francos y honestos! El número de jesuitas presentes en este congreso - ¡y es impresionante! - ¿no es inverso en proporción al compromiso manifestado por nuestros responsables de la educación y de nuestras escuelas durante estos años de preparación del congreso? Pero así como el Congreso es un congreso de esperanza, no nos quedemos con esta nota negativa. Podemos esperar un futuro mejor ahora que nuestra última y reciente Congregación General explícitamente recomienda al Gobierno de la Compañía "a todos los niveles" (subrayo) de asumir su responsabilidad en esta área. Espero que los Antiguos Alumnos tomen nota. Porque para ellos también no se trata de mirar y de esperar lo que hace la Compañía, o lo que no hace. Pueden ser aguijón que pincha para que esto se mueva.

2.      Pero nuestras Asociaciones también son interpeladas por varios conceptos. Es evidente que el sueño de los Jesuitas jamás se hará realidad si se contentan con ser "asociaciones de recuerdos y de apoyo mutuo y recíproco", como ya lo decía el Cardenal Daniélou en el congreso de Roma y como los PP. Arrupe y Kolvenbach lo repitieron. Si se contentan con existir sólo por el celo o la generosidad de unas pocas personas comprometidas que, por una razón u otra, no son o no signifiquen una organización eficaz capaz de una movilización que reúna a un número significativo de adherentes efectivos y activos.

Pero me pregunto también si nuestras Asociaciones y sus miembros están, suficientemente, al tanto de la conversión enorme que la Compañía de Jesús sufrió después del Concilio Vaticano II y que expresó en su opción prioritaria para los pobres. En este espíritu el magis (más) y la excelencia, tan apreciadas por la educación jesuita, no se expresa en la búsqueda de un status  social de eminencia que a menudo atropella al débil, sino en la búsqueda de una distinción en el servicio: " ser líderes en el servicio " decía P. Kolvenbach en el Congreso de Calcuta.  El Padre General actual lo recordó ayer en su mensaje. ¡Quién recibió mucho debe dar mucho! ¿Las Asociaciones toman suficientemente conciencia de la medida de conversión que se les pide con el fin de adoptar este espíritu en el cual la Compañía les propone hoy que se la incorporen a los socios? ¿Creen que están dando una estructura suficientemente permanente para ser capaces de convertirse en socios eficaces?  Ayer oí que se había formulado en este sentido las recomendaciones y me regocijo de eso. Porque federaciones nacionales no pueden existir si las Asociaciones que pretenden federar son más virtuales que efectivas.  De lo contrario habrá sólo palabras llevadas por el viento y construimos sobre arena. Una confederación continental no tiene sentido si las federaciones nacionales no tienen existencia efectiva. ¿Y qué puede hacer la Unión Mundial si es sólo un sombrero sobre un cuerpo muerto? ¡La dificultad en reunir el denario[1] Arrupe me hace sospechar que es un poco el caso de fachada en varios lugares!

Es por eso que me permito expresar que los desafíos mayores me parecen estar de momento en:

1.      El fortalecimiento de todos los niveles de nuestra organización, de nuestra capacidad de movilización. Particularmente, como lo sugirió el Padre Arrupe, por el lanzamiento de proyectos tanto de impacto social como modestos. Tales proyectos podrían ser concebidos en colaboración. Reunirían la Asociación de los Antiguos Alumnos, la escuela y su equipo educativo en una acción que podría también implicar a los alumnos o los estudiantes. Tenemos en República Democrática del Congo el caso de un emparejamiento entre uno de nuestros colegios pobres y un colegio belga. El proyecto se refiere no sólo al mejoramiento del funcionamiento del colegio sino también al fortalecimiento de su impacto social sobre su medio. Los alumnos son fuertemente implicados allí de ambas partes. Bastaría con integrar en eso también la Asociación de los Antiguos Alumnos para que un proyecto Colegio/Asociación común exista.

Las recomendaciones entendidas ayer también, preconizando el fortalecimiento de nuestra capacidad de comunicación gracias al recurso a los medios modernos, nos permiten concluir sobre una nota de esperanza.

2.      Finalmente entablemos el apoyo que hay que dar a la Unión Mundial para que pueda adquirir los medios de su ambición, erigiendo por ejemplo una secretaría mundial central permanente, proveída de los recursos necesarios para una animación eficaz a escala mundial, como existe para otros movimientos ignacianos.

Es en este apremio, como lo decía ayer Lorenzo Gregorio, nuestras voces no serán llevadas por el viento sino que verdaderamente podremos iniciar acciones eficaces juntos y a favor de los sin voz, los débiles y desfavorecidos en una sociedad que tiende cada vez más a atropellarlos en lugar de elevarlos a más humanidad y dignidad de hijos de Dios.

Es todo un programa pero tengo ganas de decir con Barak Obama: yes we can; yes you can.

 

27 07 2009 André Cnockaert, S.J.

Conseiller des Associations en República Democrática del Congo

 


 

[1] Obolo mundial equivalente a 1 dólar para el sostenimiento de las actividades de la WUJA. Mayor información en http://jesuitalumni.org/arrupe/

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