Extractos de la alocución del Padre General en el Congreso mundial de la Unión Mundial de Antiguos/as Alumnos/as de Jesuitas

 

BUJUMBURA (AFRICA), 26 DE JULIO DEL 2009

Queridos amigos, Es para mí un gran placer encontrarme hoy entre vosotros, Antiguos Alumnos de los Colegios de África y de otros continentes y entre vosotros, queridos compañeros jesuitas encargados de acompañar a los Antiguos Alumnos.

Supone para mí una profunda alegría encontrarme por segunda vez en África, hoy en Bujumbura, y aprovecho esta ocasión para dar las gracias a todos los que han organizado este Congreso y nos acogen aquí en Burundi.

Para el Superior General de la Compañía de Jesús es una alegría muy especial encontrarme con los Antiguos Alumnos que representan a los Colegios de jesuitas del mundo entero, pues una Asamblea de este tipo es testimonio del serio compromiso de la Compañía y de sus instituciones escolares en el campo de la educación. Vuestro grupo con su carácter internacional proporciona una muestra significativa de este criterio de universalidad que reivindica y pone en práctica la Compañía de Jesús en su misión educativa. Vuestra Asamblea manifiesta que vosotros deseáis prolongar la universalidad de una tradición pedagógica en un servicio que desea ser servicio para la humanidad entera.

La Unión mundial de Antiguos Alumnos de los Colegios Jesuitas ha querido, no sólo reunirse en tierra africana, sino también dar al Congreso una orientación de “servicio a África”. Y esta orientación corresponde a la elección de la Compañía de Jesús, que, desde 2003, cuenta a África entre sus cinco prioridades y preferencias apostólicas.

Sabemos que existe en África una riqueza humana, cultural, lingüística y religiosa que resulta fascinante. La actitud cristiana y, dentro de ésa, la actitud ignaciana, consiste en acoger esta diversidad para mejor conocerla, respetarla, promoverla y tenerla presente al servicio de todos.

Por otra parte, nuestros Colegios de África acogen muy ampliamente esta gran diversidad. Y el objetivo de la pedagogía ignaciana incluye de manera significativa la voluntad de honrar esta diversidad cultural y religiosa. No existe contradicción en hacer de nuestras instituciones lugares de colaboración interreligiosa.

Al contrario, tenemos todo el derecho a pensar que si unos jóvenes de diferentes culturas y religiones se mezclan en el Colegio desde su más tierna infancia, no podrán luego sentirse agredidos por esta diversidad; habrán adquirido actitudes de atención, escucha, convivencia, de respeto y colaboración.

En efecto, la Compañía de Jesús va tomando conciencia, cada vez más, de que no puede trabajar sola. No puede trabajar eficazmente por la construcción de un mundo más justo, sin hacerlo en colaboración con otros, especialmente en colaboración con vosotros, nuestros Antiguos Alumnos. Pero sabemos que una colaboración en la diversidad no se improvisa. Exige de sus colaboradores, una disposición favorable y una formación seria.

¿Cómo se vive hoy esta colaboración entre Antiguos Alumnos y jesuitas? ¿Cómo podría desarrollarse en el futuro? Sobre todo colocándonos en la perspectiva del camino que quiere recorrer con y para África. No tengo la respuesta a estas preguntas; pero vuestro Congreso podrá ciertamente bosquejar ya algunos proyectos concretos.

Los desafíos de un compromiso de extensión universal, como el desafío que supone la colaboración, imponen evidentemente sus propias exigencias.

La primera es una exigencia interior a cada uno de nosotros: la adhesión a los valores y al modo de actuar, que hemos adquirido por medio de la educación jesuítica. Recordemos la fórmula de que se sirvió frecuentemente el P. Pedro Arrupe “hombres y mujeres para los demás” completada así por el P. Kolvenbach: “hombres y mujeres para y con los demás”.

La segunda exigencia se refiere al campo de las estructuras: si la Compañía de Jesús se preocupa de modificar ciertas estructuras con miras a asegurar una vitalidad nueva a su misión apostólica en la Iglesia, puede que no sea inútil preguntarse si la Unión mundial de Antiguos Alumnos posee unas estructuras adaptadas a establecer una eficaz colaboración en la línea de lo que he mencionado más arriba. Se os interpela a vosotros; se nos interpela a nosotros, Jesuitas. Y precisamente por eso tenemos que poner en práctica el deseo expresado por la última Congregación General:

“Alentamos al gobierno de la Compañía en todo nivel a que busque con las comunidades de inspiración ignaciana, religiosas o laicas, como promover y apoyar mejor -a nivel local, regional o internacional- a una “familia ignaciana” o a “una comunidad ignaciana” que tenga una visión común de servicio, anime unas redes de apoyo mutual y favorezca formas nuevas y más estrechas de colaboración. Alentamos a los Superiores –especialmente a los Superiores Mayores- a que busquen y acompañen a nivel local, regional y nacional a la CVX (Comunidad de Vida Cristiana) y a las otras asociaciones autónomas de inspiración Cristiana” (CG 35, D6, n° 29° ) Tenemos que decidirnos a dar un paso adelante para lograr una colaboración de calidad, eficaz y duradera.

Queridos amigos, Mi encuentro con vosotros es breve; pero los contactos que pueda tener con vosotros quieren ser el testimonio de un impulso que surge de las comunidades de jesuitas y de sus obras educativas, que encuentran su fuente en la misión de Jesucristo. Yo, por mi parte, os puedo asegurar que la Compañía de Jesús se dejará interpelar por la Unión Mundial de Antiguos Alumnos, no para tomar iniciativas en solitario, sino para buscar con vosotros cómo actuar en colaboración.

He oído hablar ya de las grandes esperas que se expresaron en vuestro Congreso por una contribución de la Compañía a nivel de la enseñanza superior. En este dominio hay, a todas luces, grandes esperas en vuestra región. La compañía está abierta a la reflexión que habéis iniciado. ¡Qué se haga esa reflexión en colaboración con vuestros superiores!.

Yo os repito mi convicción profunda: el Señor obra en vuestras asambleas; Él quiere suscitar nuevas responsabilidades para responder a las necesidades del continente africano y de la Iglesia universal. Él Señor desea suscitar para ello nuevas colaboraciones. Le ruego a Dios que bendiga vuestros trabajos y todo lo que resulte de ellos.

Adolfo Nicolás SJ
Superior General de la Compañía de Jesús

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