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Queridos
amigos, Es para mí un gran placer encontrarme hoy entre vosotros,
Antiguos Alumnos de los Colegios de África y de otros continentes y
entre vosotros, queridos compañeros jesuitas encargados de acompañar
a los Antiguos Alumnos.
Supone
para mí una profunda alegría encontrarme por segunda vez en África,
hoy en Bujumbura, y aprovecho esta ocasión para dar las gracias a
todos los que han organizado este Congreso y nos acogen aquí en
Burundi.
Para
el Superior General de la Compañía de Jesús es una alegría muy
especial encontrarme con los Antiguos Alumnos que representan a los
Colegios de jesuitas del mundo entero, pues una Asamblea de este tipo
es testimonio del serio compromiso de la Compañía y de sus
instituciones escolares en el campo de la educación. Vuestro grupo
con su carácter internacional proporciona una muestra significativa
de este criterio de universalidad que reivindica y pone en práctica
la Compañía de Jesús en su misión educativa. Vuestra Asamblea
manifiesta que vosotros deseáis prolongar la universalidad de una
tradición pedagógica en un servicio que desea ser servicio para la
humanidad entera.
La
Unión mundial de Antiguos Alumnos de los Colegios Jesuitas ha
querido, no sólo reunirse en tierra africana, sino también dar al
Congreso una orientación de “servicio a África”. Y esta
orientación corresponde a la elección de la Compañía de Jesús,
que, desde 2003, cuenta a África entre sus cinco prioridades y
preferencias apostólicas.
Sabemos
que existe en África una riqueza humana, cultural, lingüística y
religiosa que resulta fascinante. La actitud cristiana y, dentro de ésa,
la actitud ignaciana, consiste en acoger esta diversidad para mejor
conocerla, respetarla, promoverla y tenerla presente al servicio de
todos.
Por
otra parte, nuestros Colegios de África acogen muy ampliamente esta
gran diversidad. Y el objetivo de la pedagogía ignaciana incluye de
manera significativa la voluntad de honrar esta diversidad cultural y
religiosa. No existe contradicción en hacer de nuestras instituciones
lugares de colaboración interreligiosa.
Al
contrario, tenemos todo el derecho a pensar que si unos jóvenes de
diferentes culturas y religiones se mezclan en el Colegio desde su más
tierna infancia, no podrán luego sentirse agredidos por esta
diversidad; habrán adquirido actitudes de atención, escucha,
convivencia, de respeto y colaboración.
En
efecto, la Compañía de Jesús va tomando conciencia, cada vez más,
de que no puede trabajar sola. No puede trabajar eficazmente por la
construcción de un mundo más justo, sin hacerlo en colaboración con
otros, especialmente en colaboración con vosotros, nuestros Antiguos
Alumnos. Pero sabemos que una colaboración en la diversidad no se
improvisa. Exige de sus colaboradores, una disposición favorable y
una formación seria.
¿Cómo
se vive hoy esta colaboración entre Antiguos Alumnos y jesuitas? ¿Cómo
podría desarrollarse en el futuro? Sobre todo colocándonos en la
perspectiva del camino que quiere recorrer con y para África. No
tengo la respuesta a estas preguntas; pero vuestro Congreso podrá
ciertamente bosquejar ya algunos proyectos concretos.
Los
desafíos de un compromiso de extensión universal, como el desafío
que supone la colaboración, imponen evidentemente sus propias
exigencias.
La
primera es una exigencia interior a cada uno de nosotros: la adhesión
a los valores y al modo de actuar, que hemos adquirido por medio de la
educación jesuítica. Recordemos la fórmula de que se sirvió
frecuentemente el P. Pedro Arrupe “hombres y mujeres para los demás”
completada así por el P. Kolvenbach: “hombres y mujeres para y con
los demás”.
La
segunda exigencia se refiere al campo de las estructuras: si la Compañía
de Jesús se preocupa de modificar ciertas estructuras con miras a
asegurar una vitalidad nueva a su misión apostólica en la Iglesia,
puede que no sea inútil preguntarse si la Unión mundial de Antiguos
Alumnos posee unas estructuras adaptadas a establecer una eficaz
colaboración en la línea de lo que he mencionado más arriba. Se os
interpela a vosotros; se nos interpela a nosotros, Jesuitas. Y
precisamente por eso tenemos que poner en práctica el deseo expresado
por la última Congregación General:
“Alentamos
al gobierno de la Compañía en todo nivel a que busque con las
comunidades de inspiración ignaciana, religiosas o laicas, como
promover y apoyar mejor -a nivel local, regional o internacional- a
una “familia ignaciana” o a “una comunidad ignaciana” que
tenga una visión común de servicio, anime unas redes de apoyo mutual
y favorezca formas nuevas y más estrechas de colaboración. Alentamos
a los Superiores –especialmente a los Superiores Mayores- a que
busquen y acompañen a nivel local, regional y nacional a la CVX
(Comunidad de Vida Cristiana) y a las otras asociaciones autónomas de
inspiración Cristiana” (CG 35, D6, n° 29° ) Tenemos que
decidirnos a dar un paso adelante para lograr una colaboración de
calidad, eficaz y duradera.
Queridos
amigos, Mi encuentro con vosotros es breve; pero los contactos que
pueda tener con vosotros quieren ser el testimonio de un impulso que
surge de las comunidades de jesuitas y de sus obras educativas, que
encuentran su fuente en la misión de Jesucristo. Yo, por mi parte, os
puedo asegurar que la Compañía de Jesús se dejará interpelar por
la Unión Mundial de Antiguos Alumnos, no para tomar iniciativas en
solitario, sino para buscar con vosotros cómo actuar en colaboración.
He
oído hablar ya de las grandes esperas que se expresaron en vuestro
Congreso por una contribución de la Compañía a nivel de la enseñanza
superior. En este dominio hay, a todas luces, grandes esperas en
vuestra región. La compañía está abierta a la reflexión que habéis
iniciado. ¡Qué se haga esa reflexión en colaboración con vuestros
superiores!.
Yo
os repito mi convicción profunda: el Señor obra en vuestras
asambleas; Él quiere suscitar nuevas responsabilidades para responder
a las necesidades del continente africano y de la Iglesia universal.
Él Señor desea suscitar para ello nuevas colaboraciones. Le ruego a
Dios que bendiga vuestros trabajos y todo lo que resulte de ellos.
Adolfo
Nicolás SJ
Superior
General de la Compañía de Jesús
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