|
Caretas...
Personajes ::::
El navegante que la relata en este caso
es un amauta de 94 años.
Saga del Mar Peruano
|
.jpg) |
|
Embajador Juan Miguel Bákula. |
“El interés por el mar y sus misterios
es contemporáneo a la presencia de los
seres humanos en las orillas de esa
inmensidad. “Durante siglos al mar se le
han atribuido magnitudes comparables con
las del universo”.
“El mar insondable, inconmensurable,
inagotable e inapropiable…”
Con esas percepciones, que no dejan de
ser poéticas porque pertenecen a un
hombre que a su manera ha surcado los
océanos durante mucho tiempo, comienza
‘La imaginación creadora y el nuevo
régimen jurídico del mar’, libro que
aparece esta semana.
Y la obra tiene un subtítulo que resulta
entre esperanzador e irónico en momentos
en que parlamentarios al sur de la
frontera toman iniciativas algo
provocadoras:
‘Perú y Chile: ¿el desacuerdo es
posible?’
El autor de este libro es el embajador
Juan Miguel Bákula Patiño, patriarca de
la diplomacia peruana, principal
historiador de nuestra política
internacional y analista profundo, a
veces descarnado, de nuestra identidad
nacional.
El hecho es que entre 1972 y 1979 Bákula
presidió la delegación del Perú en la
Conferencia de Naciones Unidas sobre el
Derecho del Mar, y en los cuatro años
siguientes fue Secretario General de la
Comisión Permanente del Pacífico Sur
(involucrando a Colombia además de
Chile, Ecuador y Perú). Por añadidura,
por tres períodos consecutivos fue
miembro del Consejo Ejecutivo de la
Comisión Oceanográfica
Intergubernamental, con sede en París.
Así que este vikingo huachano orienta
muy bien la nave de su argumentación.
Solo un "ensayo"
Bákula, por cierto, califica de “ensayo”
este libro y de “apuntes” lo que allí
consigna.
Pero lo que ha gestado es un compendio
con visos enciclopédicos que reúne un
abanico de apreciaciones trascendentes,
definiciones jurídicas, precisiones
documentales y datos desconocidos.
Es un instrumento de relojería fina, en
el que cada pieza encaja
cronológicamente, y que resulta de una
utilidad singular al país en el trance
de acudir a la Corte Internacional de
Justicia de La Haya para resolver el
diferendo sobre la delimitación marítima
con Chile.
Resulta sorprendente, por lo tanto, que
comenzara un trabajo de este calibre
recién en setiembre del año pasado.
Tsunami Referencial
El cúmulo de datos y razones salen tanto
del intelecto y experiencia de Bákula
como de una biblioteca personal que
tiene el aspecto y magnitud de un
tsunami de libros, fichas, archivadores
y papeles (ver foto).
Es un misterio cómo encuentra el
embajador los documentos precisos en ese
mare mágnum de referencias, pero los
encuentra y a veces anticipándose a los
acontecimientos.
|
 |
|
Un instrumento de relojería
fina. |
Por ejemplo, en el libro que lanza esta
semana consigna una cita de Santiago
Benadaba, “ilustre defensor de los
intereses de su país (Chile) en litigios
internacionales”, cuando en su obra
‘Historia de las fronteras de Chile’,
publicada en 1993, dice:
“De la letra de la Declaración sobre
Zona Marítima de 1952… y de los trabajos
preparatorios de esos documentos se
desprende que el límite marítimo entre
Chile y Perú es el paralelo del punto al
que llega al mar la frontera entre los
dos países. Esa frontera es la línea de
la Concordia, definida en el tratado de
Lima de 1929”.
El ilustre diputado Renán Fuentealba
hubiera hecho bien en leer mejor a su
compatriota Benadaba antes de decidir
ese viaje a Arica a bailar una cueca
política en el Hito Nº 1.
AC y DC
Para Bákula, la saga del mar peruano –y
la de los océanos del mundo– tiene dos
testamentos: Antes de Convemar y Después
de Convemar.
Es decir, antes y después de que al cabo
de 17 años de deliberaciones se firmara
en 1982 la Convención de las Naciones
Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar).
El proceso de dotar de un marco jurídico
al mar se inició, sin embargo, antes, a
mediados del siglo XX, cuando, según
Bákula, “con el desarrollo de las
ciencias y la tecnología, con la
difusión de los conocimientos y, en
particular, como consecuencia de las dos
guerras, la humanidad comenzó a
percibir, con asombro, que ante ella lo
que existía era un inmenso vacío…”
“Y ante esta angustiosa carencia,
escribe Bákula, la necesidad de crear un
mundo diferente tuvo como demanda
inicial crear un orden…”
Ese orden, como se sabe, se comenzó a
establecer aquí en 1947, de emergencia,
al tomar conciencia de que las nuevas
flotas pesqueras eran capaces de
depredar mares enteros, como había
sucedido en las costas de California. El
mar no era pues “inagotable”.
En el tránsito hacia la Convemar, Perú,
Chile y Ecuador acordaron armonizar
esfuerzos mediante “declaraciones” y
“acuerdos” que tomaron los paralelos
geográficos como los puntos de
referencia más rudimentarios para
dividir tareas de vigilancia y pesca.
Pero una vez puesta en vigencia la
Convemar por las Naciones Unidas en
1982, surgieron decenas de casos en los
que se recurrió al nuevo orden jurídico
marítimo para fijar cuestiones que no
habían quedado resueltas.
Las Calendas Griegas
El Perú intentó regularizar la
delimitación con Chile amistosamente en
1986, cuando Allan Wagner hizo una
visita de buena voluntad a Santiago, que
era la primera de un canciller peruano
después de la Guerra del Pacífico.
El propio Bákula se reunió entonces con
el ministro de RR.EE. chileno Jaime del
Valle para conversar específicamente del
tema en la mañana del viernes 23 de mayo
de ese año, circunstancia en la que del
Valle aceptó que existía ese asunto
pendiente al comentar que no era
conveniente dejarlo para “las calendas
griegas”.
Ese mismo día Bákula remitió una nota
confirmatoria que comienza diciendo:
“Uno de los casos que merece una
inmediata atención se refiere a la
delimitación formal y definitiva de los
espacios marinos, que complementan la
vecindad geográfica entre el Perú y
Chile, y que han servido de escenario a
una larga y fructífera acción común”.
La Cancillería chilena no respondió a
esta comunicación, quedando entendido
entonces que el tema estaba en efecto
pendiente. (Ver en
www.caretas.com.pe
texto completo remitido por Bákula como
“Nota de Cancillería peruana a chilena
referida en 1986 al tema pendiente de la
delimitación marítima”).
La Haya
Cuando finalmente el Perú ha acudido a
la Corte Internacional de Justicia de La
Haya en enero de este año, se ha
ajustado pues a la verdad cuando dice
que “desde los años ochenta, el Perú ha
intentado consistentemente negociar las
diversas cuestiones incluidas en esta
controversia, pero ha encontrado la
constante negativa chilena a entrar en
negociaciones”.
Bákula incluye en su libro la “Demanda
de la República del Perú”, dando inicio
al proceso y que firma Allan Wagner como
agente de nuestro gobierno.
Algo notable de ‘La imaginación creadora
y el nuevo régimen jurídico del mar’ es
el optimismo que se filtra a través del
lenguaje preciso, sofisticado y
realmente elegante del autor.
Bákula calibra con pulcritud el
diferente peso jurídico de las
“declaraciones” y “acuerdos”
circunstanciales que registraron antes
de la Convemar con los tratado
establecidos dentro de las exigencias de
la Convención de Viena.
A lo largo de este libro se reitera ese
criterio como una lección que hay que
aprender.
Traducción
Algo fundamental que se debiera hacer
con este “ensayo” de Juan Miguel Bákula
es traducirlo al inglés y/o al francés
por intérpretes realmente capacitados.
Los magistrados de La Haya generalmente
dominan esos idiomas más que el español
y sería una lástima que se perdieran en
la traducción ciertas sutilezas
intelectuales importantes de las
consideraciones del autor.
Bákula, al fin de cuentas, fue formado
en muy buena escuela cuando hacía las
veces de “meritorio” en Torre Tagle. A
través de esos años estudió en la
Pontificia Universidad Católica y en San
Marcos tanto Letras como Derecho,
Economía, Ciencias Sociales y Políticas,
y tuvo profesores del calibre de Raúl
Porras Barrenechea, Alberto Ulloa,
Víctor Andrés Belaunde, Luis Alberto
Sánchez, Juan Bautista de Lavalle,
Diómedes Arias Schreiber y otros.
Ahora, juzgando por su obra, su carrera
galardonada y su verbo, Bákula es uno de
los verdaderos amautas del país.
|
Ayuda Memoria
Detalles que quizás ni
conocía.
- ¿Sabía que en setiembre de
1945 el presidente Truman
fue el primero en reservar
zonas de 200 millas náuticas
(o 374 km), pensando sobre
todo en el zócalo
continental norteamericano?
- ¿Está al tanto que cuando
Ronald Reagan era gobernador
de California, exigía enviar
unidades de guerra para
evitar que sus embarcaciones
pesqueras fueran
intervenidas en las costas
del Perú, Chile o Ecuador?
- ¿Que en 1954, mucho antes
que activistas de Green
Peace realizaran sus
temerarias acrobacias
náuticas, la armada y
aviación peruanas,
utilizando cañonazos y
bombardeos de persuasión,
apresaron y retuvieron en
Paita a un barco factoría
ballenero y cuatro arponeros
de Onassis, y que no los
devolvieron ni soltaron a
400 tripulantes hasta que la
aseguradora Lloyd’s de
Londres abonó una multa de
US$ 3 millones?
- ¿Que, ello no obstante, no
fue la ballena sino el atún
el principal protagonista
ictiológico de una “guerra”
que duró 20 años?
- ¿Recuerda que ya en 1958,
una I Conferencia de los
Derechos del Mar de las
Naciones Unidas, comenzó a
reconoce ciertos derechos,
pero que recién al concluir
la III Conferencia –esa que
duró 17 años– se concretó la
Convención de las Naciones
Unidas sobre el Derecho del
Mar (Convemar)? Fue en 1982,
en Montego Bay, Jamaica, a
pesar de las objeciones del
por entonces presidente
Reagan, y firmaron 119
países.
- ¿Sabe que el derecho
consuetudinario que rige hoy
las decisiones de la Corte
Internacional de Justicia de
La Haya se basa en la
Convemar?
- El Secretario General
peruano de la ONU, Javier
Pérez de Cuéllar, celebró la
Convemar con estas palabras:
“Nunca en la historia de las
relaciones internacionales,
un número tan grande de
países había firmado
inmediatamente el resultado
de sus deliberaciones para
comprometerse a actuar de
acuerdo a sus obligaciones”.
- ¿Pero recuerda que ese
éxito de la diplomacia
peruana fue seguido de una
decepción? El Presidente del
Perú no firmó la Convemar.
- Ciertos “patriotas”
obtusos insistían en
declarar las 200 millas como
mar territorial. Lo único
que salva parcialmente la
responsabilidad de Belaunde
es que, al negarse a
suscribir, añadió la
salvedad de “por ahora”.
- El problema es que ese
“por ahora” ya dura 26 años,
y que otros “patriotas” como
los nacionalistas de Ollanta
Humala siguen “territorialistas”.
- ¿Cómo verán los
magistrados de La Haya al
Perú, que sigue sin firmar
la Convemar pero apela a sus
reglas equitativas? Con
perplejidad.
- Felizmente ese “mar
presencial” de Chile, que se
extiende mas allá de la Isla
de Pascua, puede compensar
nuestra contradictoria
actitud. |
|